ENRIQUE JARDIEL PONCIELA (en Amor se escribe sin hache)—¿Ves? —musitó Fermín con pena—, abruma la falta de originalidad de la gente.
—Es que si todo el mundo fuera original, no sería original nadie.Fermín emitió un silbido admirativo y exclamó:
—Lleva el coche un instante.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a apuntar tu frase —replicó el «chauffeur» sacando un cuaderno de hule—. Acostumbro a apuntar todo lo que puede tener interés para repetirlo.
—Los loros lo repiten sin necesidad de apuntarlo.Fermín se dispuso a escribir mientras Zambombo llevaba el volante.
—¿Cómo dijiste? «Si todo el mundo fuese original…
—… no sería original nadie.» Y puedes añadir: «Sólo sería original el que no fuese original.»El «chauffeur» volvió a silbar con admiración creciente y escribió con rapidez las dos frases.
Zambombo añadió todavía:
—«Pero como se supone que todo el mundo sería original, no habría nadie que dejase de serlo».El silbido de Fermín adquirió la intensidad de un escape de vapor y su lápiz se movió febrilmente para apuntar también la reflexión última de su amigo.